lunes, octubre 22, 2007

LA HISTORIA DEL ÚNICO HUEMUL BLANCO Y SU LUCHA CONTRA EL MALVADO SR. MATTE, VILLANO QUE QUIERE DESTRUIR LA PATAGONIA CON MEGA CENTRALES HIDROELÉCTRICAS


En eso estaba Shenú cuando cientos de flores comenzaron a cantar. El bosque se lleno de chispas mágicas, que hacían posible la comprensión entre todas las criaturas. Miles de Botellitas, ciruelillos, siete camisas, claveles, flor del chilco, orquídeas y bolsitas de oro, todas cantaban y soltaban un hálito mágico y envolvente. La madre del huemulito le sonrió para que no temiera. Todos los dioses se silenciaron cuando de un arbusto espinoso y con frutos de color púrpura surgió Calafate, con cara de apurada y el cabello revoloteado. Ella era la omnipresente Diosa de la tierra, y aunque siempre vestía muy alternativa, su belleza era asombrosa. Mientras levitaba sobre el arbusto, Huemulito pudo observarla mejor: era alta y delgada con una cabellera larga y de color negro azabache, ojos rasgados y de color ámbar y piel de aceituna. Los Dioses todos estaban contentos de verla, siempre tan informal y llena de energía, casi al punto de ser un alma vigoréxica luchando contra el calentamiento global.
Justo en el momento en que Calafate bajó del arbusto, para ir a saludar al huemulito, se dobló un pies, y trastrabillando llegó al lado del huemulito. Lo que los animales y Dioses vieron, fue solamente un tumulto de tules y gasas, su melena voló y quedó medio tirada en el suelo al lado de la madre del Huemulito, de la cual era íntima amiga.

- ¡Ups! Jegel (era el nombre de la madre del Huemulito) mira que extraordinaria criatura has dado a luz, es un ser magnífico y tendremos una ardua tarea buscándole nombre y otorgándole los poderes necesarios para que luche en contra de todos los desalmados, que desean destruir la Patagonia. Más ahora que el malvado “Mate” esta empecinado en destruir tu habitad, el hogar de tantos seres que alberga mi alicaído cuerpo. Todos tenemos cierta energía pero él será especial, ya que tendrá una tarea extra. – Calafate era muy ominosa al referirse a sus criaturas.
- ¡Ay! ¿estás bien?, parece que andas medio desconcentrada. – Le hablaba Jegel mientras la ayudaba a pararse.
- No flaca para nada, es que en estos tiempos he tenido que buscar recursos para aumentar mi paciencia para con los humanos, ya que no todos son malos. Ahora último me había materializado y ¿sabes qué? aprendí yoga, y bueno me enamoré, y bla bla. Tenemos que conversar amiga; sin embargo, ahora no se puede, debemos buscarle nombre a esta bella criatura, con el propósito de detener a este energúmeno de “Mate”. Ay si me acuerdo del nombre y me da rabia. Así que a trabajar – Anunció Calafate a los demás que aún estaban atónitos ante su caída en picada desde el arbusto.
- ¿estás bien Calafate? - La interrogó K-rrén, que era su eterno enamorado.
- ¡Sí pues!, tú sabes que soy buena para caerme – Le respondió Calafate coquetamente.
- Entonces vamos hacer la reunión – Inquirió K-rrén.

Calafate llamó a todos los espíritus, más dos representante de cada criatura del bosque para mantener una reunión, así se pondrían al tanto de las noticias trágicas que sucumbían al mundo, y también trazarían un plan para salvar a sus ciervos mágicos y darle un nombre al nuevo integrante.
Mientras tanto Jegel hablaba con su hijo sobre el papel que quizás él iba a cumplir en esa época. Para tal efecto Jegel llevó a su hijo a un borde de la montaña para enseñarle sobre la vastedad de la tierra. Ahí huemulito aprendió lo grandioso e intimidante que puede ser su planeta, se sentía indefenso e insignificante al ver las hermosas montañas que cambiaban de color durante el día, y en el fondo el lago impávido por algunas horas, reluciendo su azul turquesa. Estaba tan solitario ese lugar, que podía observar como Shenú se dibujaba sobre la superficie del agua, jugando tempestuoso, levantando chorros hacia el cielo y rociando al bosque hipertérrito y somñoliento con su hálito húmedo y gélido. En el ciello K-rrén brillaba como miles de diamantes en las gotas voladoras que se expedían con el ároma cítrico de calafate. Aquello era la unión de los elementos, fue presenciar como las fuerzas de los dioses se entrelazaban en un baile eterno, que ya llevaba miles de años, transfigurando la superficie de su tan querido grano de arena en el universo. Y ahora por primera vez, todo aquel planeta estaba en peligro.
Jegel sacó a su hijo del ensimismamiento y lo hizo mirar hacia la izquierda. Lejos en el horizonte se podía divisar una nube negra, y bajo ella miles de animales gigantescos que se comían el bosque a una velocidad exorbitante; eran bosques de Raulíes, Lengas, Robles, Coligues, Canelos y Araucarias, que sucumbían bajo las terribles garras de estos temibles animales. En la cara de Huemulito se dibujó un espanto y preocupación, al imaginar que en muy poco tiempo estarían cerca de su lago y bosque encantado. Al observar la madre la reacción de él inquirió.

- Son los Joshil hijo, la criaturas de la maldad, cuando te las encuentres debes arrancar de ellas, ya que comen todo a su paso y dejan una tierra yerma y desierta. Jamás debes acercarte a ellos.
- ¿Por qué están destruyendo el bosque madre? – inquietado preguntó el huemulito.
- Los Joshil se han olvidado que también son parte de todo esto. Muchos de ellos ahora viven en grandes conglomerados, sin naturaleza y comportándose como animales desquiciados. Hace mucho tiempo eran parte de la naturaleza y podíamos comunicarnos con ellos, a través de la música y la danza. Luego algunos de ellos comenzaron a sentirse poderosos. Calafate trató de encausarlos. Ellos son muy inteligentes; no obstante, no han comprendido, que su vida depende de una interconexión mágica y frágil con el entorno. Ahora ellos necesitan la llamada “energía” para hacer correr su mundo paralelo, donde el fuego es el regente. Se han quedado enamorados de esa fuerza y han inventado artilugios inútiles para nosotros, mas para ellos indispensables. Claro está, que eso no puede seguir así hijo, ya que hoy están llegando hasta el fin del mundo, el último lugar de la tierra donde subsiste el espíritu de Calafate en forma pura. Debemos detenerlos, deben comprender que este lugar debe ser resguardado, deben entender que esto es su último tesoro. Esta será tu tarea, tu más importante misión – Jegel terminó esa clase didáctica mirando el horizonte y atisbando con los ojos temeroso como aquellas máquinas se acercaban a una velocidad abismante.
 
posted by Vicente Moran at 1:38 a. m.
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