domingo, julio 24, 2005
El cigarrillo del dolor ayer se consumió rápido, al percatarme que mis amigos, aquellos seres que elijo querer por opción, me temen aún.
Ayer fue una noche donde el alcohol hizo lo suyo: dejo libre el pensamiento y les ayudó a decirme realmente lo que sienten por mí. Un miedo a lo desconocido, a lo diferente, y ese miedo o fobia, no es más que una lacra llamada: Homofobia.
Para mí los amigos son como la familia que yo escogí. A cada uno lo identifico con valores primordiales para mí, por ejemplo, la lealtad, la verdad, la justicia, la bondad, la ternura, la convicción, el amor. Sin embargo, ayer les pedí mucho. Tenían razón me exasperé, me enojé, me dolió, y me atisbé destruido, mientras ellos dejaron entrever, que aún sigo siendo un ciudadano de segunda clase.
Primero que un amigo, aún tema ser vinculado conmigo, sólo por yo ser gay, me dice que la impronta familiar, todavía, sigue vigente en su subconsciente. Aún ve dañada su imagen sólo por que uno de sus compañeros es homosexual. Es así como cree que su heterosexualidad se ve en peligro, pero ¿qué está en peligro?, Yo diría que nada. La verdad es simple: aborrece que dos hombres se aman, no sé que pasará por su mente, aunque si dejó claro, que yo no soy un ser normal y poseedor de los mismos derechos que él. Eso me destruye, y aunque ría aveces, después de sus comentarios. Pienso que todo ser humano debe construir un tacto, para saber que sus palabras son más dañinas que un golpe de verdad. Quizás yo daño sólo con mi estilo de vida, por cuento, rompo los esquemas; no obstante, nunca he deseado perjudicar a nadie. Al final veo que aún es mi amigo, un amigo, al cual sólo le exijo respeto.
Luego de forma bizarra, todo confluyó hacia mi capacidad de adoptar un hijo. El resumen es que mi hijo sufriría. Así sin más juicio, mis queridos amigos, me inhabilitaban para ser padre. Sólo con decir: no yo creo que no es loable. Yo les digo: si la gente tuviese que pensar, que para tener un hijo, es importante meditar si sufrirán, entonces la gente pobre no debería tenerlos, porque ellos pasarían hambre, verían en televisión a la gente rica, querrían tener aquellos lujos del consumismo, y terminarían como delincuentes en las cárceles chilenas. Si eso fuese así, los pobres no deberían tener hijos. O en otro caso, aquellos que no tienen todas las comodidades para tener un hijo no deberían traer uno al mundo, o los que no tienen un buen trabajo y así siguen otros puntos. Sin embargo, no es así, existe un derecho inherente a todos los seres humanos de ser padres, sean estos padres biológicos, o padres adoptivos. Lo que necesitan los hijos es amor, educación, confianza, un buen abrazo, un beso de buenas noches, apoyarlos cuando lloran, mostrarles que el mundo es cruel y que deben saber defenderse, ya que se verán en situaciones, en donde todos estarán en su contra. En definitiva, yo deseaba dejar en claro, que aún no quiero ser padre, me falta prepararme, pero que el derecho de ser uno, lo tengo desde que soy yo un ciudadano de esta sociedad.
Aquella noche creo que dije que mi familia me había hecho sufrir. No me lo recuerdo, pero puede ser posible, estaba enardecido y bajo la influencia del alcohol. Ahora que estoy bien, puedo decirles a mis amigos, que mi familia ha sido de lo más bella, el apoyo más grande. Claro no es perfecta, pero es mejor que muchas otras, donde los padres dejan solos a sus hijos cuando tienen alguna diferencia, o simplemente pasan a segundo plano cuando el amor muere en la pareja y los hijos se vuelven un estorbo. Así repito y recalco: estos hijos no son humanos de segunda clase.
Yo al menos no he terminado suicidándome, cuando veo que gente joven como uno, sólo acepta a medias tu espíritu un tanto irreverente, que para ellos tienes prohibido ciertas tareas, tan sólo por que ellos lo dicen dictatorialmente. Así un viejo que me diga que estoy enfermo, que un hijo criado por mí es una aberración, y que lo natural es hacer el amor con una mujer. Lo más probable es que me pare y me vaya. Y aunque mis amigos no son tan extremos, y tienen el derecho innato de pensar de una forma. Sólo busco, que no me quiten las ganas de cambiar y hacer evolucionar esta sociedad. Yo no me conformo y espero a que las cosas sucedan, yo quiero ser parte activa del cambio que necesitamos (no un cambio a lo Lavin), un cambio intelectual, donde las personas sean cultas y respetuosas de la diversidad.
Necesito un espacio, en donde pueda ver gente prístina, pura y sincera. Así es como, cuando veo que un hetero roba, mata, viola un niño y hace otras barbaridades, debo tener la suficiente consecuencia, para percatarme que no todos son iguales. Lo mío es lo mismo. Y ahí sale el Esteban diciendo, que lo que la gente ve, son aquellas "locas" (que vuelvo a repetir no son humanos de segunda clase") en la tele y que por eso todos le tienen rechazo. Entonces yo debería odiar a todos los heterosexuales, porque siempre veo en las noticias las atrocidades que hacen.
Como ven sólo es un problema ideológico, uno que necesita un termino filosófico. Esto porque pocos se han sentado a analizar o sólo algunos se atreven a ver más allá, detrás de la cortina, donde otearán nada más que seres normales con principios éticos, tan sólidos como los de cualquier ser humano imparcial, laico, y universal.
Viajando en el tren, me sentía extenuado, cansado, perdido, sólo, y con una pena profunda, las lágrimas me brotaban solas. Y no es que los gays suframos, sino era aquella imagen de verlos todos tratando de convencerme de algo totalmente estúpido: que yo no estaba capacitado para ser padre. Me castigaban, entonces cuando dicen: espero no sea colita (despectivamente) porque sufren tanto. Claro que sí, se sufre, por son ellos mismos los que crían seres descalificadores, y no sólo con los homosexuales, sino con los gorditos, los cojos, los feos, los pobres, los indígenas, los negros y otras formas más de odios irracionales.
Ayer esa irracionalidad invadió mi entorno, un aggiornamiento ofuscado por mis amigos, que sin querer abrieron sus corazones y pude ver quien era yo para ellos. Mis disculpas van dirigidas a ellos mismos, por la enarbola disputa sin sentido de la cual formé parte. Tienen razón en decir que debo aceptar como ellos piensan. Sólo que no logran separar el libre albedrío jesuniano que es un derecho, de su ímpetu tormentoso, en recalcar que está bien y que está mal, en esta sociedad. Así deseo dejarles claro que las sociedades evolucionan cambian y se enriquecen. Y no se debe decir, debemos esperar ha que cambie, sino que debemos cambiarlas nosotros activa y fehacientemente, con la convicción de que se pueden hacer las cosas mejores.
Me dibujé todo, toda mi vida, y me pregunté si seguir estudiando, o si vale la pena luchar, para demostrar y mostrar que soy tan digno como cualquiera – yo sé que cuando lea esto el Esteban dirá: quedaste marcando ocupado, y te rayaste – o mejor me voy lejos como un ermitaño y vivo tranquilo haciendo pan y dulces, amando a los seres humanos como vengan. Y siguiendo el ejemplo de uno de los hombres con la inteligencia emocional y espiritual más digna, su nombre no es necesario, ya que es manoseado por muchos que se olvidan de él la mayoría de las veces.
Cuando llegué a Santiago estaba el Jean, mi pololo, con su sonrisa de oreja a oreja, porque ama sin miedo. Por supuesto lo abracé, le conté lo que me pasó. Y me dijo: por eso yo no me quedaré conforme con algo parecido al matrimonio. Yo quiero ser igual a todos, quiero casarme, quiero darle la posibilidad a un pequeño de ser feliz, de enseñarle de todo, y deseo morirme viejo contigo. Lo miré y respondí: bueno entonces yo seguiré planteándole a la gente de mi edad, que ellos no pueden y no podrán objetar mi anhelo de vida, que no podrán impedir que ría y sea feliz, ya que cuando chico su crueldad me hizo ser fuerte. Mi sueño es que sus hijos sean mejores, respeten y se les enseñe a respetar, que no escuchen a sus padres referirse a los homosexuales con calificativos o apelativos desmerecedores, peyorativos y tontos.
Mi sueño: quiero amigos de opciones distintas, amigos que se respeten y se enorgullezcan entre ellos. Que sean leales y que jamás sientan vergüenza de uno de sus integrantes. En resumidas, quiero personas que sigan el ejemplo de los grandes maestros: María, Jesús, Mahoma, mi mamá, Da vinci, mi papá, Buda, Krishna, y mis amigos. Algunos de ellos fundadores de los cimientos de los valores universales de las religiones: El amor y el respeto a la todos los seres humanos, y para encontrar esa energía no es necesario ningún templo, nada sólo tú eso en lo que crees.
El cigarrillo fue mi pecado. El pecado de fumar era para tranquilizarme. También sirvió para volver a amar a mis amigos, y mientras se consumía el tabaco, me decía paciencia Dennis, paciencia Dennis, algún día dirán que yo puedo criar un hijo, y que otros gays también, y no lo proclamarán porque yo sea su amigo, sino porque lo creerán. Así como yo creo y confío que los heterosexuales pueden criar a hermosos seres humanos dignos de esta sociedad.
 
posted by Vicente Moran at 9:31 p. m. 5 comments