domingo, enero 14, 2007

La mariposa eléctrica se poso en el taburete con indecisión. Él escritor la miró de reojo pensando que antes eran de verdad y que esos colores artificiales en nada se parecían a la iridiscencia que emanaban las monarcas del pasado. Al posarse una luz tenue apareció entre sus alas y como un espejismo sutil una pequeña niña pedía a gritos salvar los archivos secretos enviados desde la India.
El escritor indeciso no quiso tomar atención a tan inminente final de su propia novela. Los dedos quedaron estáticos ante la abulia que colmo su cerebro: no habían palabras para describir la última oración de su tan anhela novela, entonces descansó. Al levantarse la mariposa aún mostraba en letras doradas la noticia poco auspiciosa. El café era artificial, el azúcar se había extinguido de la faz de la tierra y sólo quedaban los recuerdos vagos de las golosinas. Así que tragando lentamente aquella bebida sintética fue desdoblando toda la historia.
En la india una muchacha había escapado con una muestra de ADN primordial. La última muestra que poseía el código perfecto de la vida. Cada triplete era una maravilla y las diferentes proteínas codificadas estaban estrechamente coordinadas. ¿Qué haría un escritor, que nada sabía de ciencia con aquel código formado apenas por 4 letras? Decidió grabar la información en dos copias, una la metió en su nicho-dormitorio y la otra se la tragó. El amigo científico del escritor sabría para que servia aquel código y partió luego que la mariposa electrónica se desintegrara en millones de partículas luminosas.
Al llegar donde su amigo este se encontraba en la realidad virtual del paraíso. Debió ingresar a su mundo disfrazado de un bello y enigmático centauro y ahí entremedio de un prado de Alhelíes se encontró con su amigo mimetizado asombrosamente como una mantis de orquídea. Hablaron del fin de la vida y de la eternidad de sus vidas. También sus nuevos sentimientos y la alegoría de epopeyas pasadas cuando Nueva York, miles de años atrás era una bulliciosa ciudad repleta de gritos y silencios de selva. El escritor no comprendía lo que tenía en su interior y el científico enternecido lo invitó para explicarle. Los paisajes de la virtualidad dieron paso a ese ambiente ferroso y estéril. Tomando la mano del curioso escritor, el científico lo condujo hasta una sala blanca donde yacía una camilla de inmaculado metal, tan transparente que parecía que no estuviese ahí. Lo recostó con dulzura rogando que creyera en él. La vida estaba a punto de renacer y eso a ambos los excito.
El científico tocó el punto más delicado dentro del sistema nervioso de quasares de su amigo el escritor. Su pecho se abrió y dentro en un pequeño espacio protegido de la luz estaba el código en extenso, perfecto en su composición y con la fórmula precisa para dar vida. El escritor asustado pidió que cerraran su corazón, ya no deseaba mostrar su interior y sólo esperaba el momento del nacimiento. El científico enfocado en lo que llevaba en las manos, meticulosamente, empezó a descifrar cada componente necesario para traducir el libro de la vida. Deseaba que todo resultara a la perfección y su trabajo de artesano sólo se vería retribuido cuando pudiese contemplar el producto de aquel código. Armándose de paciencia y como el artífice de un conjuro sus manos automatizadas a una velocidad sorprendente comenzaron a reunir y mezclar cada producto. El escritor boquiabierto no alcanzaba atisbar todo lo que incluía aquel brebaje, que se preparaba en un cubo de sílice y cientos de nanocircuitos, que entregarían la chispa necesaria para que ellos, entes reprogramados, presenciaran la existencia en virtud.
Escritor y científico se sentaron en un extremo de la habitación y suspendido en el aire el cubo de sílice comenzó a girar tan rápido que las conexiones oculares sólo percibían un brillo fosforescente. Así que ambos tomaron unas gafas especiales y esperaron a que el proceso finalizara.
Cuando todo hubo terminado se acercaron con premura. El científico impaciente y ansioso quiso abrir la caja de inmediato; sin embargo, el escritor lo agarró de su brazo metálico y lo detuvo. Tener respeto para un letrado hacia lo que sería el primer encuentro con la existencia de un ser vulnerable y mortal, era para él casi la contemplación de la conciencia universal.
Ambos sentían dentro de sus millones de transmisores la misma energía. El científico alargó su frágil dedo de titanio y el cubo de sílice se abrió. Ahí dentro de aquel pequeño espacio yacía una monarca de verdad. Una mariposa extinta hace millones de años y sus alas naranjas y adornadas con bellos lunares oscuros dejaron anonadados a sus creadores. En ellos no existían las lágrimas y menos aún cuando de súbito comenzó a batir sus alas, practicando el arte de volar. El escritor en silencio se acercó a la pared y presionó el interruptor del techo del laboratorio. Afuera el cielo azul del planeta estaba expectante ante el impulso de vida que se prestaba a surcar sus aires. La mariposa levantó vuelo con un suspiro de delicadeza, que no obstante, haría cambiar para siempre el curso del orbe.
En la india la muchacha había sido desarmada y arrojada al reciclaje de cada una de sus partes. Una maquina había robado los códigos de la vida. En el planeta entero se buscaban a los cómplices de la muchacha para ser acusados de ciberterroristas y proceder con su inminente desarme. En el actual mundo, un paso a la evolución biológica por si sola era como concebir el arma de destrucción masiva más letal para los homo-robots. El científico y el escritor al conocer de antemano su creación sabían sin previo aviso, cual iba a ser su final. El escritor se despidió del científico y volvió a su hogar. Se sentó en su cómoda silla de hierro fundido y presto a terminar su última oración de la novela. Encendió su autodestrucción en 20 segundos. Una sonrisa metálica se dibujo en su rostro y tecleo: “Y tan sólo en un día común y corriente la maquina dijo: que se haga la vida, y la vida se hizo. Y como vio que todo estaba bien se fue a descansar…”.
La mariposa siguió su curso y se perdió en los vientos arremolinados del ocaso, buscando pareja, buscando evolucionar, buscando vivir…

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jueves, enero 11, 2007
Después del año nuevo, noche tan esperanzadora para tantos humanos, con mi Abuela nos prometimos hacer una visita al lugar donde la mayoría de nuestros antepasados habían nacido.
Aquella tarde adormilada, típica del desierto más despiadado de la tierra, mi Abuela manejaba nerviosa su pequeño Suzuki. Yo miraba a través del cristal de mi puerta y veía aquellas montañas con las nubes típicas del invierno boliviano – paradoja surrealista, ya que debe ser el único sitio de la tierra donde en pleno verano hay un invierno – saludándome aristocráticas como siempre desde las alturas. Al llegar nos percatamos que ya estaba totalmente enrejado aquel campamento minero con una historia de apenas un siglo; no obstante, lleno de recuerdos e incongruencias para con sus ex-pobladores.
Al traspasar las puertas férreas que se levantaban para ocultar sus historias, lo primero que se me vino a la mente fueron mis años de estudio. Me volví a encontrar con mis memorias, mis escapadas del colegio para ir a jugar con la nieve o mis esperas en la carretera “haciendo dedo” para que me llevaran a mi casa en Calama. Sin embargo, mi madre tenía su cabeza llena de imágenes perdidas en décadas de historia.
“Chile Exploration Co” lo que llegaría a ser la mina más grande del mundo fue explotada a tajo abierto por cientos de obreros traídos del sur. En su mayoría campesinos de la tercera región e indígenas atacameños, que sin entender el porqué empezaron a dinamitar las faldas de sus queridas montañas. En aquellos años los gringos se construyeron sus Chalet de extranjeros, en lo que antiguamente se llamaba “el americano”: una villa exclusiva para ellos, donde sólo cabezas doradas pululaban entre jardines y calles, que eran una burla para ese desierto lleno de colores minerales. Los trabajadores vivían en casas pequeñas en donde las comodidades más bien escaseaban. Aunque de todas maneras era mucho mejor que aquellos potreros olvidados del sur. Al menos ahí los gringos le entregaban mercadería, no pasaban hambre y tenían una “pulpería” (supermercado) lleno de abarrotes y yareta (planta endémica del altiplano) para calentar agua en las gélidas noches de invierno, cuando la temperatura bajaba hasta 10 grados bajo cero. Todo lo anterior era como vivir en el paraíso, ni siquiera importaba que los doctores gringos experimentaran o investigaran con sus guaguas y mujeres sobre enfermedades tropicales como el “Mal de Chagas”, al fin del cabo ahí se vivía mejor que en resto de un atrasadísimo y aristocrático Chile.
Mi Abuela me mostró cada una de sus casas. Entramos a la primera de ellas y estaba igual como ella la había dejado. Ahí había vivido sus primeros años, ahí en esa casa mi bisabuelo le quebró la nariz una vez que salió sin permiso a un “malón de antaño”, en esa casa había quedado embarazada con dos besos que su primer pololo le había robado. Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver que ya las ventanas estaban rotas, que las puertas estaban arrancadas y que en la calle un viento del olvido envolvía lentamente cada rincón.
Mientras la visita turística iba transcurriendo mi abuela me relato los suicidios tan comunes en un principio. Aquellos que no soportaban la soledad extrema simplemente buscaban el alivio colgándose en el baño de sus casas. También estaban las escenas de despecho, las que se solucionaban con un cartucho de dinamita, el cual se hacía explotar entre el despechado y el amor no correspondido.
Y aún cuando las cosas a través de las décadas fueron cambiando, todavía en este extraño poblado se puede respirar aquella inequidad tan absurda que siempre rondó las distintas clases sociales. En un principio fueron las diferencias abismáticas entre los dueños extranjeros y los obreros, para luego pasar a las existentes entre los supervisores (los profesionales) y los trabajadores que no habían tenido la posibilidad de ir a la universidad y otros tantos, que ni siquiera a la escuela básica asistieron.
Entre medio de las ruinas estaba mi Colegio (Chuquicamata) en donde el patrón de diferenciación social se repetía. Mientras yo hijo de un humilde obrero tuve que dar pruebas y entrar junto con mis compañeros por mérito, en los primeros cursos (A, B y C) se encontraban todos los hijos de los ROL A, como se llamaba a los hijos de los jefes. En aquel entonces las ganas de quemar al colegio se me dibujó en la mente en más de una ocasión. Sin embargo, luego me percaté que no era culpa de nosotros los jóvenes, aquellas políticas segregacionistas que existían. Después de todo el proceso de convivencia, me hizo querer cada rincón de mi colegio Chuquicamata (hoy en día trasladado a Calama).
Hoy por hoy CODELCO NORTE, DIVISIÓN CHUQUICAMATA ha construido una “NUEVA CALAMA”. Todo un suburbio en las afueras de Calama, en el sector oriente de la ciudad, separando claramente a la población traída desde el campamento minero de los pobladores netos de Calama. Lo anterior me confirma que aún cuando nuestras familias vivieron la segregación, éstas lo repiten con sus nuevos vecinos Calameños. Y aún cuando se pueda entender este prejuicio infundado en familias donde la mayoría de sus integrantes no poseen una educación cívica, que los haga percatarse de la inequidad que están proclamando, no se puede justificar por ninguna razón como la empresa más grande del estado, separa dentro de estos nuevos asentamientos a los trabajadores por el cargo o la cantidad de dinero que ganan.
Antes de llegar a Santiago mi madre me comentó que los supervisores (los jefes y sus señoras) no deseaban bajar del campamento Chuquicamata, debido a que en el frontis de sus nuevas casas, en Calama, existían pobladores que no poseían ni siquiera alcantarillado. Mi madre siguió despotricando ante estos acerebrados… Yo me vine pensando en aquello en el viaje. Al parecer en todo chile seguiremos repitiendo aquel patrón de segregación tan incrustado en nuestro interior.
En el vuelo al avión se le apagó un motor. Pensé que me moriría; sin embargo, nada pasó y el avión llegó a la capital sin imprevisto. El aeropuerto estaba igual, aunque con un hotel horrible que tapa la mitad de su edificio. Mi novio estaba esperándome y seguí camino a mi casa por las inmaculadas autopistas que tapan cada barriada vergonzosa de mi país…
El adiós a Chuquicamata y su historia fue con una mezcla de dolor y placer. Atrás quedaron los recuerdos de mis antepasados, desde el bisabuelo abusador hasta mi padre que cada día aún entra en aquella fábrica de COBRE… Sus hijos no lo siguieron y cortaron la tradición. La historia termina en él cuando sea su último día de trabajo y la vida le cambie para siempre. Después de ese día sólo en mis recuerdos quedará un poblado pequeño llamado Chuquicamata; lugar donde soñé por primera vez con las letras, donde mis inspiraciones tomaron forma, y donde mi familia forjó su futuro entregando cada gota de sudor entremedio de los cerros multicolores del desierto más hermoso de la tierra…

PD: dedicado a mí querido Chuquicamata…
 
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lunes, enero 01, 2007
Cada diciembre mi abuela sagradamente abre el nacimiento del niño Dios y lo cierra a la llegada de los reyes magos en Enero. En cada ocasión me da mi pañuelo con la imagen de un niño cualquiera, en este caso es Jesús, y al son orquestado de sonidos andinos paganos bailo hasta la extenuación formando figuras abstractas en el espacio y sintiendo el tambor dentro de mi cuerpo. A veces quedo en trance saltando y tocando los cuerpos de mis acompañantes, que poseídos rinden tributo a un Judío que ni sabía que 2006 años después una civilización llamada Atacameña le rendiría tributo en una mezcla de tradiciones globalizadas.
En el altar hay muchas figuras de yeso en representación de este Dios atípico. Hay niñitos Dioses chinos, negritos, con el pelo rubio, con el pelo cobrizo, con el pelo crespo y otros con el pelo liso. También sus vestimentas son diversas, los ahí desnudos y otros ataviados de ropajes dorados y enjoyados hasta decir basta. Hay niños Dioses con otros nombres en tributo de un ser querido que ha partido, así que ya no es el niño Dios, sino el niño Juan, el niño Guillermo, entre otros más. Y quizás los más llamativos son los niños Dios, que en realidad son niñitas Diosas, ya que tiene su cabellera larga, sus caras delicadas y sus labios de un carmesí rabioso. Aquí está todo permitido, porque el Vaticano está muy lejos del Desierto más seco del mundo, como para venir a reprender nuestras tradiciones truculentas y extrañas, donde hasta nos damos el lujo de cambiarle el sexo a Jesucristo.
Las señoras cantan largas canciones que hacen alusiones a pastores de la puna, a los cuales una mujer se les apareció y desde entonces cientos de pequeños templos de piedra volcánica, paja y madera de cactus se erigen desperdigados entre las altitudes de los Andes. En nuestro imaginario Dios se ha travestido. La Pachamama se resistió a morir y se vistió de mujer bella y poderosa. La virgen fue su estrategia para sobrevivir a las doctrinas viciadas de una iglesia, que en un principio fue bondadosa y correcta. Hoy por hoy sólo quedan los restos desmenuzados de las bondades del niño Dios y su madre, que en sí es más importante para esta parte del mundo, que el propio Jesús.
Cuando la danza termina y se le ha rendido tributo extenuante a estas estatuillas, mi abuela aparece con una bandeja llena de cola de mono, hecha con el mejor aguardiente del país. Tomarse unos cuantos tragos de esta mezcolanza entre leche, alcohol, café y especias es un tanto peligroso a 2.300 msnm. Hay quienes se apunan (mal de las alturas) y terminan emborrachados, vomitando y con la presión que les hace explotar la cabeza. Hay un remedio y es mascar hojas de coca, aquella plantita tan milagrosa que algunos inescrupulosos utilizan para fabricar una de las lacras de nuestra sociedad, la cocaína…
Ayer mientras bailaba, me di la fantástica licencia de hacer de Jesús un personaje gay enamorado de su discípulo Juan. Me imaginaba su delicadeza para con Juan, sus roces prohibidos y sus noches donde se juraban amor eterno. Lo veía predicando ante centenares de hombres adoctrinados en una sociedad monoteísta donde no cabía la idea de respetar a la diversidad, y de paso cuando hablaba allá atrás su discípulo Juan lo escuchaba obnubilado ante aquel carisma tan intenso, aquellas frases que destrozaban los corazones de hombres, hasta entonces tan tercos. Y sus ojos se cruzaban y se volvían de agua con aquel fuego llamado amor.
Mientras pegaba salto tras salto en mi mente veía a Jesús confesándose con su mejor amiga: maría magdalena, la única que conocía el secreto de su amor. Y además la encargada de hacer de pareja, en caso de que las malas lenguas empezaran a sospechar de este ser tan delicado, que andaba en Jerusalén con su cabellera larga, su barba hirsuta y sus palabras provocadoras tratando de cambiar el destino de nuestra civilización. María Magdalena también les alertaba, mientras ellos retozaban juntos entre los pajonales del río o bajo un cedro del Líbano en las afueras de la ciudad…
Después no pude seguir imaginando. La música se puso frenética y me encontraba delante de todos aquellos bebes de mentira que representaban a Jesús. Hice una reverencia y miré a los ojos a uno de ellos para ver si me guiñaba un ojo y así me confirmaba que fue gay. Sin embargo, no pasó nada. El muñeco de yeso se quedó estático y yo con la idea hermosa de que fue homosexual, mi abuela pensando que es la reencarnación de su hijo, los sacerdotes viendo en él a un hombre estricto que nunca fornicó y que luchaba continuamente con la tentación. Las monjas creyendo que él era el esposo ideal que jamás podrían alcanzar en carne y hueso, y que sólo a través de las penitencias los clímax místicos le llegarían y finalmente más de la mitad del mundo sin siquiera una idea vaga de quien fue este personaje llamado Jesús de Nazaret, el rey de los Judíos, el padre del Cristianismo y el hombre auto-sacrificado por sus creencias. Simplemente para ellos es un desconocido o a lo más un hombre loco del pasado que ha influido en muchos seres humanos durante la historia… Como ven cada uno tiene el derecho de metamorfosear este espíritu hermoso, de agarrarlo al vuelo e internarlo en nuestros corazones. No importa si un Drag queen cree en un Jesús que hace show de transformista o un negro piensa que fue un africano con la piel color carbón o un filipino cree que fue un oriental amigo de Buda. Lo importante es que es Jesús en su esencia, aquel ente al cual millones de seres recurren cuando se sienten desprotegidos y que el sólo hecho de pensar que existió un individuo tan hermoso espiritualmente, uno automáticamente sabe que hubiese estado perdonado ante sus ojos…

Sólo el ser humano puede perdonar al ser humano
Y eso es Dios.

PD: dedicado a mi abuela y a su ritual del nacimiento, que realiza sin falta cada año.
 
posted by Vicente Moran at 3:43 p. m. 6 comments