martes, julio 10, 2007

Como le iba diciendo, los andares de la vida tienen tantos recovecos y tantas vueltas que es fácil arremolinarse y no darse cuenta que aveces uno se pierde. Yo creo que como hiji oceánica usted cometió los mismos errores, que todas las mujeres solemos cometer. Así fue como al momento de su viaje, ya hace unos meses atrás, yo de inmediato me fui al sur donde su tía bisabuela, la tota. Aquella matrona tetona y guatona, de risa estruendosa y asustadiza. Ahí en su ruca al borde el lago Caburga hicimos el machitún inicial para su felicidad. Yo, sin que te dieras cuenta, había cortado un mechón de tu bella cabellera, además de esconder un calzón con tu primera caquimestruación. El viaje lo hice en tren. Y aunque le hayan inyectado tantos miles de dólares al sistema ferroviario, parece que muchos millones quedaron en los bolsillos de estos chilenos burgueses, y muy pocos sirvieron para refaccionar al maltrecho tren. De hecho me fui en uno viejo, con gallinas y corderos dentro. El baño hediondo y muy desaseado. Yo iba con mi vestimenta típica de machi. Mis joyas de plata estaban relucientes y los hombres en la calle me miraban y exclamaban: mira que bella india esa, debe ser de la clase real de los araucanos. Yo enigmática caminaba apresurada pero con paso cortito para verme más vulnerable y hermosa. Grité para que pararan el tren y uno de los "loco"-motorista quedó perplejo con mi magnánima lindura. Yo aproveché de tomarme la trenza de india latina y la enrollé en un tomate en mi nuca. Una vez arriba del tren, partí con el corazón triste. Atrás quedaba mi marido en la capital y tus hermanos. Sin embargo, sabía que debía ir al encuentro regional de machis. Ahí en conjunto con las más respetadas machis, desde las Picunches de la región central, pasando por las mapuches y también representantes de la huilliches de Chiloé. Como invitadas teníamos a machis de los Pehuenches y los Tehuelches. La reunión terminaría con una danza de mujeres desnudas, para rendir homenaje al Lonquimay. Yo tenía preparados todos los ritos que llevaría a cabo el principal era viajar en el cuerpo de un Ada hasta aquel país caliente del norte, donde mi hiji predilecta se encontraba. El viaje sería toda una aventura; aunque es mejor esperar para relatar como las pléyade de Adas poseyeron nuestro cuerpo... Desde el principio algo me dijo que sufrirías, mas cerré mi intuición y prefería sonreír ante tu cara de anhelo y esperanza. A la llegada me estaba esperando la Tota, como te contaba, estaba más gorda que ante. Ya no le quedaba cintura y su marido, un alfeñico, siempre tan simpático, trataba de coquetearme. Me reía imaginando como estos dos harían el amor, me figuraba ese cuerpo de mamut sobre ese esqueleto de faquir de tu tío. Una vez en la casa, la tota y yo preparamos todos los cachivaches de mujeres machis y nos fuimos en la carreta hasta el lago; no obstante, unos vandidos salieron al acecho y nos.... Ay no puedo contar esto ahora, cada vez que me acuerdo las lagrimas hinundan mis ojos de perlas... Mejor cuénteme el segundo día de su historia, mientras yo me tomo un agua de matico para tranquilizarme y relatarle el horror que vivimos la tota y yo...

continuará....
 
posted by Vicente Moran at 1:17 a. m.
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