martes, julio 17, 2007


Pues bien hija de mi alma, no es fácil relatar aquella historia de rapto, violación y ultraje, antes de partir tras suya convertida en una ninfa sideral del bosque, una golondrina azul cerúlea metálica surcando los cielos hasta Panamá. Yo no sabía de todos aquellos sentimientos tumultuosos de su ser virgen de quinceañera. Ese idealismo trágico de la Iliada, esa telenovela reestructurada para con su vida. No hija mía, después del relato del día 2 todo me queda más claro. Ahora logro deshilvanar toda la odisea vivida por usted, sólo ahora con mi corazón de dama de hierro logro entrever sus anhelos y entenderlos. Sé que no es fácil olvidar y si esto (escribirlo) le hace bien, entonces siga no ma, como puta enrrabiá, con espuma en la boca y los ojos inyectados en sangre de rabia, pues tarde o temprano el relato adornado barrocamente pasará a uno más terso y real. Por ahora está bien que sea de aquellos cuentos de Hadas, ya que al final de toda fantasía autoinventada está una realidad más dulce, aquella que nos muestra lo “MA-RA-VI-LLO-SAS que somos nosotras las mujeres con pícloris.
Bueno en cuanto a la historia de cómo me convertí en nereida para ir tras suyo; sé que no es justo que deje este apasionante pasaje de nuestra vida a medias, sin embargo, hoy he tenido una revelación divina y necesito con urgencia de mujer menstruando contársela. Resulta que me encontraba fumando un “Narguiles”, en una de esas tabernitas que se encuentran en la judería de Córdoba. Quizás no sepa lo que es, y se lo explicaré así: es como una pipa hermosa creada por los musulmanes (moros), hace cientos de años, donde puedes colocar tabaco o marihuana aromatizada con esencias y aceites (de esos que nosotras usamos para dejar nuestra piel con la textura de leche y marfil, bueno las bellas como nosotras, porque las hay feas como su malograda tía jajaja) y que a través de un sistema muy enrevesado pasa por carbón y agua y al final uno aspira literalmente el Nirvana con sabor a menta o frutos exóticos. Bueno ahí estaba en medio de musulmanas tapadas, alfombras persas y muchos cojines. Mágicamente empezaron a tocar música árabe. Y sabe hija de mi esencia, dentro de mí una mujer morisca despertó. Creo que tengo sangre de mujer musulmana, ya que esa danza candente hizo que mis caderas se soltaran vívidamente, explotando mi sensualidad y belleza. La marihuana llegó junto al cardamomo y la canela al punto máximo de mis neuronas y la danza del vientre nació sin tapujos desde mis entrañas, desde mi aniutero de doncella peinada. Siempre supe que había sido una mujer real, no obstante, jamás pensé que esas antepasadas de hace miles de años poseerían mi cuerpo de cabo a rabo. O sea si soy mujer frenética, como usted sabe, ahora esta pipa del mundo mágico hizo de mí la reencarnación de afrodita y eros al mismo tiempo, era sensualidad pura. Fue así como me levanté y dancé tal mujer poseída por esos dioses ya descritos. Me movía como loca orate, sugerente y candente. Mi temperatura subía a decibeles peligrosos, y yo continuaba girando endemoniada, mi estómago blanco níveo en movimiento encandilaba a los hombres que me observaban. Sentía que todos querían poseerme y yo risueña permitía que se elevara mi sari rosado para dejar que la luz tenue de las farolas iluminaran mi anivagina depilada, pequeña y fruncida, como avergonzada de mostrar mis labios mayores inflamados. Fue excitante y el único detalle fue que mis amigos ultraheteros franceses descubrieron, que dentro del macho que habían cocido se escondía una mujer potencialmente mortífera y de extraña belleza. Aún así no me dio vergüenza y seguí saltando como odalisca del Olimpo, regordeta y con mis rollitos de chantilly al aire. Me fue simplemente imposible controlar el moño, y mi traba españolá de diamantes y encaje voló por los cielos, mis cabellos caoba-ambarino-palo rosa del cenit cayeron, como en los comerciales de L’Oreal Paris, para cubrir mis ínfimos hombros castellanos. Yo despavorida trataba de controlar a la hembra siempre presta para coquetear, que yace dentro de mí, mas sus fuerzas fueron superiores y finalmente terminé mi baile doblada como una flor de Lis mustia en la alfombra y pestañando lánguidamente a todos los comensales que ahí se encontraban. Mis amigos me miraron como diciendo: ¿Y qué le pasó a este? Yo mujer inteligente, les dije que nosotros los chilenos somos muy femeninos y que es normal loquear en Chile. No sé si me creyeron, pero ninguno de los dos se desnudó delante de mí como el día anterior, por lo que no pude contemplar sus maravillosos cuerpos de adonis. Yo, en cambio, mujer osada retiré mis escasas prendas de mi frágil cuerpo y me tiré a la cama como Dios me mando al mundo. Mujer hecha de de muchas culturas: un poco de española y morisca, otro tanto de india salvaje de belleza exuberante, una pisca de matrona italiana; no se por qué, mas creo que en mí están contenidas o reencarnadas muchas mujeres, todas revueltas y revoltosas, pero eso no más, ya que la mujer imperante está enamorada, sólo de un hombre y nada más.

PD: de ahí le cuento los otros entretelones que estoy viviendo en esta hermosa ciudad de España. Lo único malo es que me cocino y mi piel blanca como la “leche” se perjudica un tantito, tendré que usar el velo de musulmana, ya que desde hoy seré una mujer entregada a mi hombre (y un poquito a Alá)….
PD2: cuando tengamos dinero vendremos juntas para vestirnos como española, con esos vestidos largos multicolores, moños estrambóticos agarrados con trabas hermosísimas, un abanico y taconearemos hasta decir basta, ¿ya?…
 
posted by Vicente Moran at 4:37 p. m.
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