viernes, noviembre 03, 2006
A veces me pregunto cuando perderé el último atisbo de virginidad que poseo, y ruego para que aquello nunca ocurra. Siempre en mi cabeza ha revoloteado la idea de que uno guarda un poco de virginidad. Algo así como una ingenuidad intrínseca y porfiada que no desea dejarnos. Quizás es una obsesión inherente de nuestra naturaleza. La evolución nos hizo tan mutualistas, que siempre estamos buscando la respuesta del cariño. De aquel que es un regalo de dioses, para aquellos que llegan a conocer “la entrega” como una situación casi paradojal en nuestra existencia.
Sin embargo, a medida que vamos conviviendo, nuestra personalidad va mutando. Sin darnos cuenta dejamos atrás el idealismo casi surrealista del amor y nos transmutamos en unos entes carentes del carácter necesario para conquistar y reconquistar. Puede que precisamente aquella falta de fantasía, de cuento de hadas y de idealismo imposible es lo que nos petrifica ante la capacidad de entregar el último horizonte de virginidad. Aquel que es un tesoro vulnerable y único. La marca férrea de nuestra “alma” personal, la huella indeleble de nuestra identidad y por último nuestro yo más íntimo. Para ser más claro es simplemente desdoblarse en esencia, en completa paz ante lo desconocido y el desconocido. Una aventura extrema, donde literalmente soltamos nuestro ego y lo extrapolamos – o lo dejamos a la deriva – en otro ser.
La virginidad como tal en este contexto es un flujo de emociones incontenibles, donde lo visceral y lo racional se trenzan en una disputa sobre lo que es correcto. Es aquí donde nuestro yo deja de ser. Donde finalmente alcanzamos el punto culmine de nuestra inocencia, ya que la relegamos a la confianza, que ese otro ser nos puede entregar.
Si la fluidez de la relación y la comunicación logran un grado prístino, que difiera de los egos y necesidades contemporáneas, que nuestra sociedad nos somete es cuando finalmente esa virginidad perdura y es defendida, ante aquellos que ya la han perdido.
Hoy por hoy mi virginidad está depositada en la historia de los años de mi relación. Es ahí en el lecho amoroso donde sigo siendo un inocente a merced del amor incondicional. Un humor caliente, que se cuece pues, dentro de un fuego apaciguado y eterno. Donde los vientos endemoniados no transitan. Un amor bombardeado por las influencias post-modernistas, que no obstante, se mantiene bajo el hechizo de esta virginidad.
Guardar un poco de esta inocencia o de esta “decencia” mental es casi de Perogrullo nombrarla, ya que finalmente nadie la pierde en su totalidad. Ésta sólo se atrofia a su mínima expresión, y no deja en conclusión, nada que nos haga sentirnos un poco vulnerables.

Entonces: ¿no crees que es tiempo de reencontrar aquella virginidad?, ¿de redescubrir la inocencia ante el conocimiento?, ¿de sentirse volátil y débil ante la necesidad de amar?.

Pues al final la única virginidad que nos queda, es aquella que fluye en nuestra mente. Eres tú, el que debe cultivar para así poder cosechar el amor tan anhelado. Tan sólo si lo que buscas es la necesidad de ser querido y contenido.

¡¡¡¡VIVA LA VIRGINIDAD!!!!

Pd: sé que este es el más FOME de los escritos, sin embargo, para mí es el más significativo.
 
posted by Vicente Moran at 3:23 a. m.
4 Comments:


At noviembre 03, 2006 12:32 p. m., Blogger Patto

Suerte en tu vuelta a Santiago. dsps comento tu post ahora estoy con muuuuuuuucha pega y no alcanzo a leerlo bueno?

Saludosss

 

At noviembre 03, 2006 3:05 p. m., Blogger C.-

Sabes, si lo que escribes es 100% lo que sientes, pues bien, déjame decirte que de fome nada y de mágico todo...
La virginidad es un estado del alma, que perfectamente podemos desarrollar o mantener intacto, o violar, o trasngredir....
Y hablar de eso, para mi , es justamente un placer...
Nos vemos esta noche??...Para los mal pensados, en un cumple de una amiga en común ja ja

 

At noviembre 05, 2006 12:57 a. m., Blogger YO MISMA

uno podría querer enamorarse al leer algo así

lo que escribes es asertivo y perfecto, es total

 

At noviembre 05, 2006 2:52 a. m., Anonymous Anónimo

Enamorado de tu texto.... de tu texto lleno de magia, sinceridad, elocuencia... y satisfacción...



Podré quedarme dormido plácidamente