lunes, septiembre 12, 2005




El debate siempre ha conmovido la opinión de todos los seres humanos. Hace poco escuché el comentario de un doctor especialista en reproducción, que sin lugar a dudas me dejó anonadado.
Quizás lo más importante, de lo aprendido en aquella charla fue lo siguiente: los seres humanos vivimos tratando de imponer nuestras ideas (me incluyo), y eso sólo demuestra la diversidad de pensamientos que circundan nuestra especie. No obstante, más relevante que aquello es percatarse de lo delicado de un tema, y como ante circunstancias imprevistas por algunos individuos, nos vemos enfrentados a realizar acciones, que antes jamás hubiésemos aprobados.
El tema de “cuando comienza la vida” es tan controversial y vasto, que habría que escribir un libro sobre como para diferentes culturas o personas la vida tiene un comienzo disímil. Así por ejemplo para los católicos apostólicos romanos, una persona es considerada como tal, desde el momento en que el pronúcleo del espermatozoide ingresa al citoplasma del óvulo, ya que es ahí donde se forma un material genético único, nunca antes visto y por ende un ser humano con todos sus derechos. Por otro lado para la iglesia anglosajona, una persona es tal, después del 8 día de la unión de los pronúcleos del espermatozoide y del óvulo, debido que hasta ese momento esas 8 células pueden dividirse y generar dos gemelos idénticos (clones) con el mismo material genético, pero que en estricto rigor no son la misma persona, sino dos individuos totalmente distintos y reconocido como tal. En la cultura musulmana uno no es persona hasta después del nacimiento. Ellos consideran que un ser humano debe ser capaz de percatarse de su existencia para ser considerado en la sociedad. Antes de eso somos seres inocentes, carentes de culpa, un estigma que llevaremos desde el momento que sepamos que moriremos. Las culturas orientales dan un peso primordial a las personas ancianas. Para ellos la clarividencia de la vida y el espíritu se funden con el pensamiento cuando somos capaces de olvidar lo material, olvidar el triunfo del ego y trabajar en nuestro crecimiento interno, es ahí donde uno es por primera vez una persona.
Se preguntarán por que habló sobre este tema delicado, que quizás no debería importarme, ya que como gay ni siquiera poseo el derecho de adoptar uno de los miles de niños que sufren en el mundo. La respuesta es simple: debido a que en nuestro país se está legislando sobre los embriones congelados, se tiene el concepto errado de estar congelando personitas chiquitas, cuando en realidad son un grupo de células, que potencialmente serán una persona (ya ahí estoy dando mi pensamiento). Son muchas las parejas que recurren a este procedimiento cuando el hombre o la mujer no pueden engendrar. Además de ser en extremo difícil reconocer que se tiene un problema (especialmente para los hombres), este se acentúa cuando una institución tan dogmática como la iglesia católica los enjuicia, diciendo que es antinatura. Lo anterior, deja entrever que la función acogedora, que debería cumplir la religión, se transfigura en una inquisición, que lapida y castiga aquellos procedimientos, al acotar que estos seres humanos nacidos por inseminación artificial o implante de embriones no son hijos naturales o que no fueron concebidos de forma “natural”. Aquí está un punto importante, que dice respecto a la flexibilidad de los conceptos.


La humanidad, para organizarse u ordenarse, ha creado las instituciones religiosas; no obstante, sus dogmas y leyes inamovibles han generado grandes guerras santas, quizás debidas a la terquedad innata de nuestra especie. Los estados fueron otro modelo de organización, que quizás es el que más está diversificado hoy en día. Es importante ver como muchos de ellos se han enfrentado a la realidad de ser parte de un estado diverso en sus orígenes, cosmopolitas y llenos de matices en religiones y creencias populares. Ahora, con el lapidario capitalismo y la “gran aldea” en que el mundo se convierte cada día, chocamos con que para lo que en USA es una cosa en Europa es otra. Simplemente, porque los términos no son estáticos, los significados evolucionan junto a nosotros.
Hace más o menos 200 años era inamisible que una mujer fuese presidente de un país o quisiera ser una gran científica, o simplemente que quisiera renunciar a su capacidad de ser madre, para entregarse a una fé en particular. Ni siquiera hay que pensar en el pasado, para encontrar países donde las mujeres n van a las escuelas y caminan tapadas de pies a cabeza. Para occidente están condenados aquellos movimientos, yo estoy de acuerdo, aunque sé que nos olvidamos que tuvimos que evolucionar muchos conceptos.
Hoy es normal que una mujer trabaje, no tenga hijos hasta quizás los 40, sea exitosa y pague por sexo. Antes aquello antinatural y condenado. Lo mismo ocurre con los hijos nacidos por transferencia de embriones, si seguimos creciendo y tomando como referencia la paz y la felicidad del prójimo, en un par de años o quizás unas décadas engendrar a través de inseminación artificial u otro mecanismo, será natural, ya que somos nosotros los seres humanos quienes mueven las fronteras de los conceptos.

A veces pienso en los marcianos y en la visión humanoide, que muchos de nosotros tenemos de ellos. Esos seres flacos con cabezas inmensas, llenas de inteligencia, sus sexos no existen o están ocultos y no hablan sino a través de telepatía. Me pregunto: ¿quién será el macho y la hembra?, ¿cómo tendrán hijos ellos?. Por lo visto lo que es natural para nosotros se derrumbaría, ya que ellos serían la evolución de nuestra especie, que perduró y no se autodestruyó. Entonces nos percataríamos de lo terco que somos cuando nos oponemos a nuevas forma de amor, a nuevas formas de engendrar un hijo, a nuevas formas de ver lo que es la vida, a nuevos caminos de seguir siendo espiritual, a nuevas visiones del ser humano en su inmenso cosmos interno.
Todo es parte de una evolución gradual, sólo que a veces me aburre lo lento que es. Me imagino cuanto se demorarán en entender los musulmanes, que las mujeres son iguales a los hombres. Cuanto nos tardará a los de occidente, en comprender que cuando se congelan embriones, no son humanitos chicos, sino un grupo de células, que más adelante podría llegar a ser un humano potencial, o que en su efecto esas células puedan ayudar a mejorar una patología fatal. Quisiera tener algún día mi matrimonio, que el concepto cambie, que ya no sea sólo entre un hombre y una mujer, sino entre dos seres humanos, y que no me hablen del Dios que dice como debe ser, porque yo, como simple mortal, creo que lo más importante es tratar que los demás sean felices. Soy un altruista de mierda, que lucha para que los demás rían y sepan que uno no nace sufriendo porque un Dios es malo. Somos nosotros los seres humanos, a través de creencias que nos estancan, que creemos de forma villana que un niño nacido por transferencia de embriones no es normal o natural. Para mí, todos aquellos nacidos de aquel procedimiento, son entes dignos de mi respeto, personas íntegras naturales y normales.
Bienvenidos a la evolución del concepto “normalidad”.

 
posted by Vicente Moran at 2:18 p. m.
1 Comments:


At septiembre 13, 2005 2:09 a. m., Blogger .:: blackbird ::.

El tema da para un debate extenso.
Sin embargo, en este pequeño trozo daré mi opinión a grandes rasgos.
Creo que durante toda su historia, la Iglesia Católica como institución ha tratado de inmiscuirse erróneamente en áreas que son incompatibles a sus preceptos, tanto en temas políticos, territoriales, de derechos civiles, y en este caso, dentro del mundo científico.
Ya sería bueno que el catolicismo se cansara de frenar libertades que les son ajenas, con el mero afán hegemonizador de una cultura cristiana que está en franca decadencia, Y esto porque no han logrado transformar su discurso a las transformaciones (valga la redundancia) que ha tenido el mundo durante los últimos años. Eso los ha alejado de sus mismos fieles, lo cual ha conllevado a una pérdida de legitimidad.

Eso. Cariños y un abrazo querido amigo.
C.