martes, junio 24, 2008
Caminando en la tarde caliente de Santiago, iba imaginando a Bush. Sí, a Bush cagando en su WC de oro y todo resguardado de policías. Leyendo a duras penas lo que la prensa mediática decía de él.
Yo en el poto del mundo. Un ser tranquilo y en un país tan sereno, que todas las tardes me da sueño. La gente caminaba. Otros hablaban sobre los chismes aburridos de los famosos, y uno que otro sacaba su petaca escondida y se tomaba un sorbo. Entonces me dije: que tal si voy y me hago borracho. Empresa nada despreciativa si tomo en cuenta que los dividendos que haría por ser mendigo serían bastante sustanciosos. Me animé a tomar la iniciativa más loca de mi vida. Me fui a la casa, bote todo, me puse lo peor de lo peor, me arrastré por la tierra. Después se vino el vino, jajaja. Y vamos tomando como condenado a fusilamiento en la pampa. Tome y tome, hasta que la cara se me desfiguró y quedé mirando todo con al revés. La gente me observaba asquienta. Yo a la chucha vieja zorrua. Total era mi espíritu emprendedor, que me llevaba a ser el mejor borracho de mi ciudad. La barba se demoró unos días. Al final llegó frondosa y el piñen o chuño se me junto en las patas y en la cara. El pelo hizo buenas migas con los piojos. Así poquito a poquito, mi facha acicalada de desorden, dio a lugar al “loco del vino”.
Al tiempo ya tenía amigos. Todos compadres del oficio. Cada uno tenía su calle o lugar donde poner cara de pena. Siempre caían monedas. Las viejas daban harta plata. Yo no sé si querían que les hiciera el favor o qué. Lamentablemente a mi la vaginita no me excitaba. Igual los viejos cochinos me daban monedas. A veces, claro estaba, con una segunda intención. Yo, no gracias, tengo que llegar al albergue. El albergue era el centro de comandos desde ahí los planes salían ha mover los finos hilos del sistema.
Ustedes no lo creerán; sin embargo, nosotros influimos en todo. Sólo piensen que somos el reflejo vivo y palpable de lo que la sociedad siente. Estamos en todas las encuestas. Focos de atención permanente es nuestra sobrevivencia. Además nos usan como índice de desarrollo, pobreza, educación, etc, etc. Así, debido a la razón anteriormente planteada, nosotros nos ponemos de acuerdo que personaje recalcar más. Vemos como nuestra ínfima y criolla sociedad va cambiando. Colocamos en acción a los actores necesarios y listo: el país está mejor o peor. Somos tan poderosos, que podemos redireccionar las políticas de estado. Ejemplo de lo anterior: si actuamos más locos, orates, esquizofrénicos, exhibicionistas, el estado dice que los ciudadanos están estresados. Somos infelices, trabajamos mucho, y por eso muchos se vuelven locos. En cambio si hay muchos borrachos: estamos deprimidos, lacónicos, idos, bla-bla.....
Algunas movidas son grandes batallas. No cabe duda que los volados se están percatando de nuestra forma tan sutil y elegante de manipular todo. Igual yo trato de hacerme el dormido durante las noches de la plaza. Mi oreja enroscada sobre su eje, como parábola atenta. Los escucho y saben qué, los pobres están tan cagados que hablan puras tonteras. De vez en cuando se deja caer uno más sensato; no obstante, me ha pasado que es uno de los nuestros disfrazado tratando de rescatar al más vivo, para enrolarlo en las filas. Es bien difícil abrirle el mundo del mendigo borracho a los drogadictos. Aunque en estricto rigor, lo mío también es una droga. Digamos una droguita que me hace pasar el frío. Todos saben que un buen pencazo en el frío es como tomar chocolate caliente para el cumpleaños.
Los pendejos, son precisamente eso. Cabros chicos perdidos en sus orbitas ovales, de huevo frito. Los veo subirse a los autos último modelo de los Tip-Top de nuestra criolla elite social. Parecen hipnotizados. Llegan a la esquina y paran en lo oscuro. Y lo único que veo es el subir y bajar de una pequeña cabeza. Bien fuerte lo de esto mini-putos. Yo ¡no!, me quedo más que contento con mi borrachín que me abriga en el albergue.
Al borrachín este que les cuento, le costo serlo. Siempre lo veía en la plaza. Yo tapadito con cartones (ya llevaba como un año de mendigo) y tiritando de frío. Cuando venía en sus paseos nocturnos, le lanzaba el chalaco: señorito tendría una monedita para este pobre y enfermo hombre. El culiao no me daba nada. Igual le dio lata. Al otro día llegó con un pan con chancho. Se sentó y comenzamos nuestro romance. En todo caso esta historia es para otro cuento.
Estábamos con nuestra comunidad. Claro. Habida cuenta de tanto caos, decidimos una vez organizarnos. Se eligió una presidenta (siempre nos ha gustado que una borrachita lleve la batuta), y demases. Yo estaba encargado de indagar en los futuros acontecimientos. Era el mejor trabajo que he tenido. Era como ser la adivina del oráculo de Delfos. Me mandaba una buena botella de vino. Del bueno eso sí. Un carmenare creo. Entraba en órbita y salía a indagar las futuras ideas a discutir. Por eso ahora pienso que hemos sido un pilar fundamental en el impulso de este país. Así mientras los viejos, re-viejos del congreso se agarraban por que no les gusto el nuevo presidente de la cámara baja. Yo me documentaba con los diarios que me abrigaban el cuerpo. Leía las noticias un poco atrasadas. Al final igual me hacía una idea global. En todo caso jamás me abrigué con el LUM o EMOL. En aquellos casos pescaba a mi guachongo y me lo tiraba encima.
Bueno así descubrí que se vendrían varias batallas. La de la píldora del día después. Yo caché eso en todo caso por otra cosa. Resulta que a veces vamos al basurero a cachurear y a comer. Y les re juro que nos salían guagüitas entre la mugre. Bien común era la cosa. Cuando comenzamos a ver que estaban disminuyendo pensamos: pucha que bueno, lo güeones están usando condones ahora. Ni cagando era la famosa pastillita. En todo caso nosotros apoyamos la pastillita. Me gustaría que esos ultra-conservadores, se pegaran una vuelta por el basural. Ahí le tendríamos una guagüita esperándolos. Nosotros le damos sepultura (para que se queden tranquilos).
Otra de las grescas que nosotros empezamos a gestar fue la de los delincuentes. Los muy hijos de putas hasta a nosotros nos roban ahora. Son bien vándalos. Y si hay algo que los borrachines no hacemos es robar. Sé que estamos hediondos, pero de ahí a golpear o robar, jamás. Todos tenemos las cosas morales bien claras. En todo caso igual somos más liberales. Imagínense yo fletito y con pololo en el albergue. A nadie le molesta. De hecho hay más colicitas. Nos agarramos para el leseo y todo eso.
Nunca vislumbré que llegaría a ser un borrachito de la calle. Debo recalcar que soy bien feliz. Claro me estoy cagando el hígado, pero quien no se caga algo. Saben una cosa, pienso que estamos mejores. No podemos desaparecer. El sistema nos necesita. Siempre nos enteramos de los entretelones del bajo mundo. Nadie nos creería sobre los curas que son mano larga. Yo mismo lo he visto, y antes de hacerme borrachín conocí a dos mariposones beatos, que con una mano me daban la ostia y con la otra me tocaban la tula. Ahora mejor agnóstico. Capacito que me haga Baha´i, encuentro esa ideología de lo más tolerante.
La iglesia nos viene ayudar. Les miro las caras a los hijos arios del sector poniente. Esas caritas lozanas, prístinas (realmente vírgenes en parte). El crucifijo del bendito Jesús (que era uno de los nuestros) colgándoles. Tan santitos y de potitos rosaditos. Los nombres no me los aprendo jamás. Les digo: gracias amigazo. Tendría una monedita. Y me replica que deje de tomar. Que mierda le importa a él que me muera con cirrosis. De más que me va a ver al cajón. Me toman la presión, me miden todo. Falta que me midan la diuca y que me den un supositorio para el dolor al culo jajaja. Esos “niñitos bien” después me los encuentro, cuando hago mis rodas nocturnas en los boliche del barrio alto. Ahí están, gastando en extasis, coca y paraguas. Gritando como energúmenos, todos sicalípticos con las hembras-culo-de-plástico. Al final los veo en esas orgías de rico en las piscinas privadas de sus casas. Ningún paco dice nada. A nadie molestan. Es como si yo me fuera al desierto de Atacama a tomar con mi familia. Yo golpeo a esa hora en las casitas chiquitas de Vitacura. Me da un pancito, un vinito. Eso sí, los pendejos arribistas no son cagados. Hasta he salido con Jack Daniel´s de algunas casas. En otras me invitan a pasar. Imagínense, que exótico. Un vagabundo en la fiesta top-top electro no se qué. El animal del circo. Nadie se me acerca de primera, pero después encuentro uno que otro gran ser. Les doy el dato donde estamos y donde vivimos (en el mapocho debajo del puente, en cualquier plaza, en el hogar de Andes con Brasil, etc). Sigo mirando. A los ultra-testosterona se les da vuelta el paragua, a las minas les gusta ver como a sus minos les meten el dedito en el culo. Los afeminados aprovechan y se pescan a las minas de choro barby. Yo sólo aprovecho de comer. Le abro la puerta a mi pierno Jean, que anda bien borrachín y le paso un sanguchón con harto jamón serrano (vomitó mi piernita).
Los pendejos ABC-1 me dan penita. Me dan café de caridad con sanguchitos. Me dan consejos de cuidado. De cariño ni que hablar. Por eso está todo patas para arriba. Yo la paso bien cuando un universitario me invita a tomarme una chelita a la piojera o al cuchitril (brasil con rosas). Tengo uno compadres, que están a punto de ceder y dejar ese fatídico mundo. Hay unos buenos escritores. No como yo que escribo por escribir no más. También unos filósofos avezados. Y claro los artistas, los mejores y más entretenidos.
Hace poco nos juntamos en el albergue de Brasil con andes. Estamos medio preocupados por que el gobierno nos quiere sacar de nuestro mundo. Me gustaría que se preguntaran como voy a vivir. Yo gano como 120.000 pesos a la semana en mi trabajo. Tengo 5 puntos de trabajo(uno cada día de lunes a viernes). El banco de Chile de San pablo. El banco del Estado de Av. Brasil. La estación república de la linea 1. La estación Bellas Arte. Dicho sea de paso, culiao son los guardias del museo que no me dejaron entrar. Claro si las pinturas cachan que yo soy borracho. Así que chuto y pico con los del museo. Donde iba, ah ya me acordé. Me faltaba la estación central. Al mes hacemos junto con mi hombre como 800.000 pesos. El 50% es para ahorros, el resto para el albergue, que cuesta 200 la noche. No es obligación pagar, pero en invierno todos pagamos. Comida un poco y el resto, como 350.000, para tomar de lo lindo. Con lo que ahorramos con mi amor nos vamos de viaje a pedir plata a otros lugares. Además hay que ser precavido y ahorramos para nuestra vejez. Entonces que nos dejen tranquilos a los mendigos borrachines. Mejor que erradiquen la extrema pobreza. Nosotros no queremos vivir en un depto, con cable, teléfono, ir al gimnasio, comer en un restaurante de providencia, comprarnos ropa en Alonso de Córdoba, o tener un montón de estupideces. Somos speudo-fieles a Demóstenes y ustedes no nos entienden.
Quizás lo único que les queda a estos dos borrachines enamorados para ser felices, es que su unión sea reconocida por la población, por el estado, por Chile mierda. Sé que no todos los mendigos son gays. Aunque muchos han probado el otro lado, y es que durante el invierno cualquier cuerpito abriga. Los borrachos somos bien open-mind. Demasiado diría yo. Como vamos a ser unos cabeza dura si siempre sentimos rechazo y discriminación. Así que eso quiero. Quiero que mi gente respete mi amor. Es lo único que no puedo comprar, ni tranzar, ni menos hipotecar. La falta de amor fue lo que me lanzo al alcoholismo. Sin embargo, que paradójico. Durmiendo en el parque y gracias a ese sanguchón, ahora duermo feliz todas las noches. Donde nos pille el ocaso, con unos buenos tragos, y mi guachongo al lado me duermo haciéndole nanai en su guatita.
 
posted by Vicente Moran at 12:27 a. m.
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