lunes, enero 19, 2009


Me detectaron cáncer el 19 de diciembre del año 2008. El afecto directo dentro de mis emociones vacilantes fue arrancarme del mundo material que el ser humano ha construido y situarme en medio de la nada. Pues quizás por tal razón, cuando terminé de estudiar astronomía vine a la nada para vivir. Aquí en la nada el silencio tiene voz. Un mero y suave susurro, que dialoga con tus entrañas, más que con tus neuronas atiborradas de ideas astrofisiológicas.
Aquí en medio de ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) me siento sobre el capó de mi Fiat Palio. El sol anaranjado se despide con un dejo de desconfianza y lanza descarado ráfagas fucsias de poder. Yo me río ante él sobre su insignificante tamaño, en comparación a otras estrellas ultrapoderosas que habitan y mueren en este infinito universo.
Aquí en ALMA puedo respirar ese aire diáfano del altiplano, esa nitidez que nos deja entrometernos en los secretos de las nebulosas, las constelaciones, las galaxias, la nanoestrellas y los poderosísimos agujeros negros. Al menos aquí el cáncer no me duele, no siento que exista en mi interior y sólo logro dislumbrar que allá lejos quizás en otro mundo como éste los alienígenas bailan enloquecidos al ritmo de un electroshock fastgalactico.
Se que la marihuana en mi país está prohida; sin embargo, aquí en el culo del mundo a quien mierda le importará que aspire las esencias de plantas alucinógenas. De hecho lo mejor de estar aquí en medio del Desierto de Atacama, es que a nadie le interesa conocer el lugar más seco del mundo, el lugar donde las rocas llorán y las estrellas esparsen su polvo estelar para adornar las noches con su lluvia galáctica. Aquí los turistas no vienen y mientras menos conozcan donde se encuentra Chile, mejor será la vida en estas latitudes. Aborrezco esas playas atiborradas de humanos tratando de follar a como de lugar.
La noticia no ha sido del todo mala. Sé que me moriré en un par de meses y que el tumor cerebral, originado en las células de la microglia arrasará con mis neuronas, que hacen que yo sea quien soy. La identidad: esa huella estrecha entre la realidad y lo que deseamos hacer con nuestro ser. Mis neuronas se irán y fallecerán. Mientras tanto contemplaré hasta cansarme las dunas recortadas del Valle de la Luna, sus riscos amorfos y a venus, que jubilosa se asoma soberana como el primer astro en ser visto.
Coloco mis audífonos para escuchar la estática infinita del universo y me quedo durmiendo oyendo aquella música monótona de la creación. A la espera de que algún día sintonice de casualidad la emisoa extragaláctica, que será per se el gran descubrimiento de nuestros tiempos. Que nosotros hallamos encontrado otro mundo y no al revés, como suelen enseñarnos las películas de ciencia ficción.
En el sueño, algo extraño comienza con ruidos armoniosos del más allá. Una música un tanto antigua y recóndita. Ahí dentro de mi órgano auditivo, la caracola retumba sobre los cilios de mis células auditivas un ulular extraño, que suena a marino, a fondo de arena y corrientes tempestuosas. Aullidos y sirenas regordetas que cantan sobre las rocas de un planeta lejano. Ese planeta se encuentra allá afuera a la espera de que nosotros los terrícolas enviemos una señal de vida. Tenemos el deber de gritarles que no están solos. Así que rápido sin perder la frecuencia dirijo todas las antenas hacia ese punto lejano a años luz y envío sin miramientos “I want to break free“ de THE QUEEN. Espero y sé que algo de esa sicodelia les haya llegado.
Al terminar las estrellas estaban circundando el firmamento como ojitos cristalinos de los antiguos descendientes míos, esos primeros atacameños que se embobaron con la bóveda iluminada por el enrevesado espacio. Y sigiloso tal como llegué a la tierra desperté de mi sueño. Aquellos hermanos interestelares acuáticos estarían ahora indagando la extraña señal llegada desde más allá de su sistema solar. Se estarían preguntando qué seres tan extraños crearían una música tan bella y divertida. Algunos pensarán, no obstante, que detrás de la letra va escondido un mensaje diabólico de autodestrucción, mientras otros verán en ella el llamado de Dios para salvarse de los pecados, que sus civilizaciones hayan estimado conveniente.
Lo que es yo caí rendido en la cama después de un porro fenomenal, que expandió como chicle los axones que recorren mi cuerpo y los hiperacumuló de neurotransmisores, para luego soltarlos de súbito; simplemente, lo más cercano a un clímax, del cual vagamente recuerdo haber vivido uno años atrás. Ahora mi sexo fláccido no sabe lo que es la piel de otro cuerpo, le dió alzheimer y olvidó los placeres de la carne y sólo quedan estas explosiones bioquímicas de mi cuerpo. Hasta podría jurar que soy capaz de contabilizar cada receptor bloqueado, estimulado o destruido.
Hace unos días he pensado que mi día final se aproxima con cabalgata lujuriosa y la guadaña al viento para destazar mi nuca y volarme el tumor cerebral con un corte quirúrgico, y apiadándose me dejará ver por última vez el horizonte encendiéndose en su cénit. Así que he arreglado algunas cosas antes de partir. Primero quiero morir entre las antenas. Que arda en el Licancabur, en la cima misma y que mis cenizas se las lleven los vientos alisios del desierto. Que suba tibio a la estratósfera y me lance como polvo cósmico al universo. Quizás al menos así llegaré a mi planeta parlante.
1000 años más tarde.
Mi cerebro se logró librar del tumor. Y bañado por un elixir de la vida se encuentra enfrascado en un armatoste biomecánico. Ni les cuento lo que avanzó la bioengenería y la biotecnología y todas las bios más que se inventaron, como son la bionanotecnología, la bioastronomía y tantas otras más que se me olvidaron.
El viaje ha sido arduo. Un tanto largo para mí. 800 años dentro de una mega nave espacial; como la de la serie Robotech, esos monos japoneses que me hacían soñar con la protocultura; sin embargo, un término más exacto sería la fotoheterocultura, algo así como que nuestros cuerpos biomecánicos tienen células creadas hace 900 años por unos científicos locos, que jugando como niños crearon células eucariontes híbridas entre vegetal y animal. Algo que la naturaleza ya había originado bellamente en su laboratorio llamado naturaleza. Así que en palabras cortas somos como hongos super resistentes, que con sólo agua y un poco de luz pueden sobrevivir por periodos eternos.
¿Por qué me eligieron para el vieaje? Aún no logro entrever la razón. Quizás por mi capacidad lunática de escribir la historia o la futoria, como la llamarían los prehistóricos del año 2009. No saben la locura que tengo. Estar vivo tanto tiempo es como ser una secuoya conciente mirando por los grandes ventanales de mi nave espacial esperando llegar al mundo acuático que descubrí en el desierto de Atacama.
La vitácora ha sido todo lo entretenida que uno quiere. El universo tiene parajes majestuosos, no más que mi querida y destruida tierra, aunque un tanto distintos: si en la tierra la aurora austral tornaba el cielo de colores fantasmagóricos, una estrella en nacimiento es como el llanto de una guagua enrrabiada soltando un grito portentoso que se escuchará por millones de años. También aprendí que las galaxias no chocan, sino que hacen el amor con un sadomasoquismo superlativo sembrando vida con sus espermios llamados cometas, mientras los óvulos esperan formándose en medio de torbellinos depolvos sircumbirúmbicos.
La llegada fue el 23 de mayo terrestre. El día de mi cumpleaños. No sé cuanto cumplo, mas sé ex profeso que me siento con la juventud a flor de piel. Los lugareños acuáticos tienen unas bellas casas sumergidas entre extraños corales simbiontes inteligentes. Pues bien, lo más impresionante es que aquí no existe sólo una especie inteligente sino un colglomerado de ellas que regulan la convivencia de una manera sorprendente. Su inteligencia superlativa demuestra una sensibilidad extrema por la belleza y la paz. Y nuestra tecnología, con la cual nos jactábamos de haber viajado por el universo y vivir eternamente, aquí es de épocas arcaicas. Paradójicamente la canción que envié hace tantos años llegó junto con nosotros y nos sirvió para entablar una relacion fraterna. No esperaron nada para ponerse a bailar y burbujear sin control. Nos proporcionaron una vestimenta biológica, algo así como una segunda piel que nos permitía respirar bajo el agua, que era a su vez transparente. Así que nuestros cuerpos biomecánicos se veían bastante poco apetesibles para estas bellas criatúras.
Lo que más nos sorprendió fueron sus bibliotecas donde cientos de escribanos de las más diversas especies discutían el saber del cosmo. Una discusión bastante interesante llamó mi atención.
Alga: los planetas que sustentan viva poseen cientos de ciclos de evolución antes de dar origen a una especie en particular sustentable con su medio en particular; no obstante, hemos visto el surgimiento de aquellas que aún destruyendo su planeta en la cima de su civilización logran arrancar del mismo, dejándolo desolado y con escasa vida que asegure el resurgimiento de ésta. He aquí una de estas especies la cual nos visita en la actualidad.
Im presionante era su manera de estudiar la evolución universal, ya que sin salir de su planeta u hogar eran capaces de visitar todos los rincones del universo. Su manipulación de la fusión le proveía una fuente energética ilimitada para poder hacer del universo lo más maleable que existiese. Para ellos el universo no era un basto lugar infinito, sino una materia a su disposición, con la cual jugaban y respetaban. Ellos si lo deseaban podían doblarlo, abrir agujeros de gusado, dar origen a nuevos sistemas solares y hasta tenían la capacidad de mezclar en un cóctel delisioso cientos de universos diferentes, que albergaban a la vida más inverosimel , que la mente nuestra (humanoide) podía concebir.
Protozoo: La insensatez de las especies no digiere ni dirige sus acciones. Así contraponiéndome a lo dicho por alga, las especies meditabundas no llegan jamás a un clímax de su civilización, sino más bien existen ondas de expansión de la inteligencia, la cual está intimamente ligada a la potencia y riqueza de genes que hayan recibido en un principio por los cometas inseminadores. Quizás nosotros tuvimos suerte de poseer un genoma complejo autocontrolable, que dió origen a cuerpos casi perfectos, ya que aún siendo más adelantados, que los actuales visitantes, aún poseemos el derecho de decidir morir. Ellos también han llegado a la eternidad, de una manera biológica, con la diferencia, que han utilizado lo “inanimado“ en su beneficio. Y me pregunto: ¿Acaso nosotros no somos un montón de moléculas inanimadas?, o quizás lo que creemos que es inanimado no lo és. Deberíamos, en conclusión, inhabilitar la palabra. Y así nos quedaría entonces la interrogante ¿Qué es lo inanimado? Cuando todo lo que hay en este y otros universos es un montón de elementos revoltosos que se mueven a causa de la energía. Esa que aún estudiamos con ahinco y miedo. Así pues, las civilizaciones tendrían a su antojo la desición sobre hacía que dirección correr. Aún sabiendo que quizás un puñado de belleza se derroche. No sólo natural sino también intelectual...
La conversación fue larguísima y me quedé pensado hechado en unas anémonas melódicas que me balanceaban, hasta que me dormí y ese sueño limítrofe me condujo a mi tierra. Al desierto ese que nada tiene que ver con el agua de otros mundos. Ahí me levanté de mi duermevela, encendí un café y un cigarrillo. Y aspirando la nicotina a bocanadas parsimoniosas lancé una burbuja de humo hasta las estrellas. Pensando en ellas y sintiendo desde el lugar más seco de la tierra un poco de su poderío sobrenatural. Y me dije: si esa luz viene de una que está muerta, ¿quién me dice que quizas quién me ve con un poderosísimo telescopio desde el más allá está atisbando sólo el recuerdo de alguien llamado Dennis?...

FIN
 
posted by Vicente Moran at 11:12 p. m.
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