lunes, noviembre 17, 2008



No es que esté sólo en el mundo tratando de buscar una escapatoria al martillante andar de este mundillo, que lo trae endeudado y un tanto aproblemado. Ni siquiera es la esperanza de sacarse la lotería y solucionar todo de un paraguazo; como quién dice que el dinero todo lo puede, desde mover montañas, hasta cirugías reconstructivas que te dejan con dos tetas portentosas que te darán más de un trabajo.
Es simplemente la soledad, esa compañía silenciosa y cadavérica que urge por un cariño carnal y no sólo figurativo. Sino más bien alguien de carne y hueso que recorra tus debilidades y saque de ti un: ¡Te amo tanto!. Quizás fue ese atisbo de posibilidad de compañía que urgió la maquinaria asesina, ya que son tan enrevesadas las razones, que las posibilidades se multiplican hasta el confín de nuestro intelecto.
Me lo imagino imaginando ese querer. La cabellera rubia apoyada en su regazo, mientras él desenreda los nudos de la perversión, con los dedos adoloridos del trabajo mal pagado. Lo veo recrear su vida junto a ella, en una casita del gobierno: pequeña y acogedora, donde quizás hasta un hijo alcanzaría para alegrar los días de su apresurada senilidad. Ahí está embobado por las palabras acarameladas de esa novia bella y risueña. Ella contándoles sus pormenores familiares. Que el cuñado que la había hecho tonta. Ella pobre no había sabido que hacer ante tales injusticias. Y él comiendo de ese lío patriarcal, de herencias malogradas e injusticias sexistas. Él creyendo que ella, la blanca paloma había sido extorsionada e injustamente engañada hasta despojarla de sus bienes. Y para coronar la mala suerte, su ex-marido marica que la había botado y cambiado por un pervertido que se lo enculaba cuando ella creía que estaba trabajando arduamente para alimentarla y cuidarla hasta que la menopausia y tal vez un cáncer viniera a cobrar su vida devota de los santos yesosos de todas las iglesias católicas.
Fue durante esa historia de novela mexicana, que ella desdibujó el ingenuo plan, lo puso sobre el tapete para él, para que cuál antihéroe postmodernista cobrara revancha por la desdicha y la honra de esta mujer ultrajada, no sólo por su propia familia, sino también por ese infame esposo gay. Y los ojos de la mujer se achinaron, se ennegrecieron a lo Lucifer elucubrando la treta de revancha. Él con las neuronas acabadas y marchitas aceptó las líneas fatídicas, a cambio de una noche de ternura, con la condición que él tomara el arma homicida y la manchara con el elixir tibio de la vida, sí de la vida del cuñado.
Todo tan fácil y perfecto. Se irían lejos con el dinero y lo follarían en una bacanal de dos cuerpos entrelazados por la codicia. Sin embargo, la bala erró. Salió disparada como loca arrancada de manicomio y fue a parar al prístino corazón de un muchachín aristocrático. Hasta ahí no más llegó el plan. Todo se vino abajo, ya nunca más podría anhelar el tacto de sus dedos corrugados en esa piel fina de su Quintrala moderna. Se prometió nunca jamás delatar sus sentimientos ni menos compartirla. Así inculpándola pasarían ambos decenios marchitándose en la cárcel, hasta que un día las puertas férricas de sus calabozos se abrirían y los dejarían libres para reencontrase con el cenit de sus vidas, con la antesala del fin de sus días, para morir acompañados dentro del mismo sarcófago, bajo el mismo pedazo de mármol que gritara glorioso, que allí yacen dos maquiavélicos amantes perpetuos: La Quintrala y el Sicario.
 
posted by Vicente Moran at 10:12 p. m.
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