jueves, junio 03, 2010


















Habría que escribir durante días para describir cada detalle del confín del mundo. Cada segundo cuenta para que minuciosamente las flores y las aves puedan hablar. Quisiera abrirle los hocicos a los guanacos y sacarles esas leyendas rumeadas durante siglos. Y sin querer me quedaría petrificado bajo el azul fosforescente de los témpanos, que silenciosos adornan el horizontes, como extraños residentes de este mundo.

Las torres del Paine están mudas, bicolores y eternas. Detienen los vientos, las nubes las acarician y dejan su cristalino y frío rocío brillando en sus cumbres. Nadie puede tocar el azul de sus paredes, salvo cuando la laguna amarga, cual espejo deja tranquila que se refleje en sus agrias aguas. Y metes los dedos generando ondas eternas y dándole a la montaña una ondulante vida, un movimiento incesante y pasajero.

El Cóndor grita desde sus dominios soñando con la presa. ¿seré yo? No lo creo aunque, sólo llama con sus sonidos a los suyos. El viento avisa y todos raudos se guarecen ante la inminente nevazón. El frío, las cuchillas de gélido aire, que prístino lacera los pulmones. Te agachas como un Alacalufe experto y te cubres con los restos del cuero de un guanaco. Miras de reojo y atisbas las plumas de nieve que brillantes pasan fugases ante mis ojos. Pides a esa energía gigante que te deje vivir, que te deje ver las estrellas y repentinamente todo se va y la luna inunda con sus rayos plateados las pampas y los bosques de lenga. Un puma taciturno y con insomnio diurno mira fijo el horizonte, mientras sus crías se entregan al juego con un zorrillo, que oculto tiene un buen regalo para ellos.

El hielo me despide. Miro ese hielo colgando de las cumbre, ese hielo irreal. Nunca he visto hielo como ese. No es como un cubo de hielo del refrigerador, ni menos como el hielo que se forma en las lagunas cuando se congelan: el hielo de los campos congelados del sur del mundo son celestes, azules, verdes y cuando el sol se esconde son rojos, rosados, naranjas.

Las torres del Paine es un lugar mágico en la tierra, un lugar que no tiene parangón en las crónicas mágicas de cientos de escritores. Quizás si ellos se dieran un paseo por este lugar, la descripción de lo que es fantástico para ellos, cambiaría para siempre.

Vicente, viaje a la Patagonia 2010.

 
posted by Vicente Moran at 9:20 p. m.
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